Ana

Ana, que compartió conmigo la primera edición de Comer con la Cabeza, el Estómago y el Corazón, me ha mandado este bonito testimonio que quiero compartir con vosotros:

Quien ha padecido problemas de peso durante la mayor parte de su vida sabe que arrancas y paras el proceso cientos de veces, y en cada una de ellas sumas unos pocos kilos de más para la siguiente vez, hasta que te das cuenta de que no es sólo un problema de constancia o fuerza de voluntad, sino que se implican muchos otros factores que te anclan a una relación toxica con la comida, compulsiva, usada como evasión, solución de problemas, hombro en el que llorar, ruido para no escucharte…

Esta es la diferencia que ha marcado la terapia… pararse, escuchar, descubrir mi adicción a la comida, el porqué de esa relación, sanearla poco a poco y tener en la mano herramientas que impidan volver a caer en antiguos errores porque ahora soy alguien diferente, que esta en el camino de no ser dominada por la comida, sino de disfrutar de ella sabiendo qué es lo que me conviene y es saludable para mi. No se ha tratado de perder peso, sino de establecer nuevos lazos con la comida.

Y en el proceso ¡¡he descubierto tantas cosas sobre mi!! Me he quitado mochilas, con otras aprendo a vivir, trabajo por una mejor versión de mi misma…He descubierto la meditación, el silencio y la calma, el ahora y el yo como centro de todo, que se merece una vida sana, plena y satisfecha.

Muchas gracias Yolanda, por estar, escuchar, guiar, entender y no juzgar.

Muchas gracias al resto del grupo, habéis sido un descubrimiento!! Inmejorables compañeros de viaje que espero seguir teniendo cerca.